La administración Macri quedó descolocada y desconcertada frente al triunfo electoral de Donald Trump, el próximo presidente norteamericano.
Una agenda diplomática amateur o dirigida por presunciones o deseos personales, alinearon al gobierno argentino con la candidata del partido Demócrata.
El resultado electoral sorprendió al mundo y ahora se abre un escenario distinto, con nuevos interrogantes.
Es posible que Mauricio Macri y su gobierno hayan quedado seducidos por la cercanía lograda en el último año con la administración de Obama, que por primera vez en una década se aproximó a la Argentina.
Las prioridades del futuro gobierno de Trump parecen estar muy lejos de los problemas latinoamericanos y de la Argentina. El giro hacia el país del norte incluiría el recambio de embajador y quizás otras urgencias.
Ahora, la situación puede volver a distanciarse.
Las prioridades del futuro gobierno de Trump parecen estar muy lejos de los problemas latinoamericanos y de la Argentina. El giro hacia el país del norte incluiría el recambio de embajador y quizás otras urgencias. Aunque no parece sencillo retomar la sintonía con Washington.
CAMBIO SUSTANCIAL
Con el ascenso de Trump, habría un cambio sustancial en las políticas económicas y comercial norteamericana. Los interrogantes son aún enormes.
En su versión más extrema, el presidente electo norteamericano ha prometido fuertes restricciones a las importaciones y una importante expansión fiscal, con aumento de la inversión pública y reducción de los impuestos.
En ese contexto se mencionó incrementar el presupuesto en infraestructura en 500 mil millones de dólares en los próximos 5 años, equivalente a 3% del PBI norteamericano, y recortes a los impuestos a las ganancias de las sociedades y las personas.
De acuerdo con una estimación de CRFB, un comité del Congreso norteamericano responsable del presupuesto federal, estos anuncios llevarían la deuda pública como porcentaje del PBI del actual 75% a 105% hacia el 2026, con un déficit fiscal que se incrementaría hasta 5,5% del PBI.
Si estas estimaciones y políticas fueran confirmadas, la mayor deuda tendrá un impacto sobre los fondos con los que se adeudan los países emergentes, entre ellos la Argentina.
Por otro lado, un impulso fiscal con severas restricciones a las importaciones y el trabajo de los inmigrantes ilegales, podría tener un salto inflacionario alto, adicional a problemas con la restricción de la oferta y cambios en la demanda. Y que esto derive en un endurecimiento de la política monetaria y una apreciación del dólar.
Por el momento nada es definitivo, aunque es claro que el nuevo gobierno norteamericano obliga a revisar conceptos y abre escenarios de riesgos para la Argentina.
Es probable que el resultado final sea una mezcla entre lo que fueron los anuncios de campaña y el programa tradicional del partido Republicano, más proclive al libre comercio y una fuerte apertura comercial.
La Argentina, una de las economías más cerradas del continente, no tiene hoy un gran vínculo comercial con los EE UU. Apenas 0,7% del PBI representan las ventas argentinas a ese país.
En ese caso, la suba de tasas de interés podría ser más moderada y el mayor gasto fiscal tendría un efecto positivo no solo hacia adentro de la economía norteamericana, sino hacia el resto del mundo.
La Argentina, una de las economías más cerradas del continente, no tiene hoy un gran vínculo comercial con los EE UU.
Apenas 0,7% del PBI representan las ventas argentinas a ese país. Muy diferente a la situación de México o Canadá con más del 20% del PBI.
Aunque tiene fuerte dependencia en algunos sectores regionales como el biodiesel, frutas o vinos. Las restricciones comerciales afectarán al país por vías indirectas, como el precio de los commodities, o las tasa de interés.
En el plano financiero, el programa de Argentina depende fuertemente de su capacidad de endeudamiento y de lograr atraer las inversiones externas.
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